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En medio de una violación sexual, el circuito cerebral del miedo toma las riendas, mientras que otras partes claves del cerebro dejan de funcionar parcialmente o del todo. Eso es lo que debe pasar y es lo que explica la naturaleza fragmentada e incompleta de los recuerdos de la mayoría de víctimas de violación.

Una puerta se abre de repente y un oficial de policía se encuentra en la mira de una pistola.  En un segundo, su cerebro se sobre-enfoca en la pistola. Gracias a la visión de túnel en el momento, más tarde el recordará pocos detalles que su cerebro percibió como innecesarios para su sobrevivencia inmediata. ¿Tenía bigote el hombre que disparó? ¿De qué color tenía el cabello? ¿Qué ropa andaba?

Después, cuando intenta escribir su reporte, el oficial puede frustrarse de no poder recordar detalles importantes, sentirse confundido sobre muchos otros detalles, e incluso recordar algunos incorrectamente.  Sin embargo, también recuerda con gran precisión las cosas en que su cerebro se enfocó en ese momento. Es posible que nunca las olvide.

La reacción inmediata del oficial y sus recuerdos limitados no son resultados de falta de entrenamiento. Su cerebro reaccionó a una situación de peligro de muerte en la manera en que debe. Los cerebros de las víctimas de violación sexual reaccionan de la misma manera durante el terror del ataque.

En mis capacitaciones para oficiales de policía, fiscales, jueces,  profesionales de la educación superior y comandantes militares sobre las memorias de las víctimas de violación, ha sido útil compartir lo que conocemos sobre cómo  las experiencias traumáticas afectan el funcionamiento de tres regiones cerebrales claves.

Una es la corteza prefrontal. Esta es la parte del cerebro que nos permite concentrar la atención donde decidimos conscientemente, no donde el miedo o el deseo lo demandan. También nos permite pensar racionalmente y considerar las opciones, en lugar de reaccionar por reflejo o hábito.  Usted está usando  la corteza prefrontal en este momento para concentrar la atención en estas palabras, para descartar otras cosas que están pasando alrededor o adentro de usted y tal vez para parar y reflexionar sobre lo que yo he escrito.

Pero si escuchara disparos y gritos cerca, su cerebro de repente entraría en un estado diferente. El circuito cerebral del miedo, que incluye una pequeña estructura llamada la amígdala, tomaría las riendas. Una de las primeras acciones de la amígdala es rápidamente perjudicar a la corteza prefrontal, tal vez hasta clausurarla, por medio de segregar una oleada de químicos de estrés.

¿Por qué sucede esto? Ahora los humanos dominamos el planeta, pero evolucionamos de haber sido presa y clausurar la corteza prefrontal es la forma de sobrevivir cuando detenerse a pensar significa convertirse en el almuerzo de un predador. Más bien cuando el circuito cerebral del miedo domina, el cerebro puede contar con visión de túnel y reflejos y  hábitos que nos salvan la vida.

Inevitablemente, en algún momento de una experiencia traumática, como una balacera o una violación, el circuito cerebral del miedo toma las riendas, en lugar de la corteza prefrontal. Cuando lo hace, controla donde va la atención. Puede ser por ejemplo el sonido de disparos, las expresiones faciales frías o emocionadas del violador o su mano en el cuello de la víctima. Puede ser en una planta en la habitación o el ventilador en el cielo raso, como intento de “escaparse” de las horribles sensaciones corporales.

De cualquier forma, las memorias tienden a ser fragmentadas, no todos los detalles que podría captar una cámara de video, o el cerebro cuando no está en estado de terror. Sólo aquellos fragmentos que llaman la atención del miedo quedan guardados en la memoria por seguro.

Por último, el circuito cerebral del miedo afecta una tercera área clave del cerebro: el hipocampo. Este guarda los eventos que llaman la atención en la memoria de corto plazo y también los puede almacenar como memorias de largo plazo.

Pero el miedo afecta la habilidad del hipocampo de codificar información contextual, como el diseño de la habitación, y la habilidad de codificar la secuencia de los hechos, tales como si el violador se quitó la camisa antes o después de decir algo.

Esta concienciación de como las situaciones traumáticas y aterradoras alteran el funcionamiento cerebral viene de décadas de estudios de investigación, que continúan dándonos importantes conocimiento nuevos. Recientemente se ha demostrado que inmediatamente cuando el miedo o estrés empiezan, el hipocampo brevemente entra en estado de “súper codificación”.  La persona puede recordar vívidamente lo que estaba pasando justo antes y justo después de que se dio cuenta de un ataque, incluyendo la información contextual y la secuencia de eventos. Pero después de eso el hipocampo entra en un estado diferente, en que se dedica a codificar esa información inicial y no lo que pasa después.

De nuevo, esto tiene sentido, pues para la sobrevivencia de un animal es más importante recordar como predecir un ataque, no lo que pasó después o durante.  Los reflejos, hábitos y voluntad permiten la sobrevivencia. El hipocampo tiene capacidad limitada de procesar información, igual que la corteza prefrontal y la memoria de un Smartphone. Cuando está inundado de químicos de estrés y concentrado en codificar información para predecir eventos, puede absorber poca información nueva, especialmente sobre contextos y secuencias complejas.

Por todas estas razones, es comprensible que las víctimas de violación tengan memorias vívidas de lo que pasó justo antes de que empezara el miedo y de lo que era crítico para sobrevivir después de  eso. Es totalmente comprensible que la mayoría de sus recuerdos de la violación tiendan a ser fragmentados, incompletos y sin secuencia clara. La intoxicación por drogas o licor no cambia estos hechos básicos, a menos que la persona se desmaye, ya que nada o casi nada se puede recordar.

Es claro que este entendimiento de como el trauma y el miedo afectan el cerebro y la memoria tiene vastas implicaciones para el sistema criminal y judicial. Así como no es razonable esperar que todas las victimas de violación griten o se defiendan, tampoco es razonable esperar que alguien que sufrió un gran trauma (ya sea víctima, policía o soldado) recuerde el evento traumático de la misma manera en que recuerda otros eventos. Recuerdan algunos aspectos de la experiencia traumática con detalles vívidos, que podrían pasar décadas tratando de olvidar; mientras que no recuerdan otros aspectos  del todo o solo en fragmentos confusos y revueltos, incluyendo aquellos que desearían poder recordar.

Aún oficiales de policía que no han estudiado el trauma y el cerebro entienden esto bastante bien, cuando se trata de sus propias experiencias traumáticas de su trabajo. Saben que a la hora de escribir un reporte, es difícil recordar todo lo que pasó durante un arresto violento o una escena de crimen horrible. Saben que lo que llamó su atención y entró en sus memorias puede ser muy diferente de lo que sus compañeros recuerdan. También saben que es difícil o imposible recordar la secuencia exacta de los eventos.

Es hora de que los oficiales de policía, fiscales, jueces y todos nosotros que escuchamos o leemos sobre las víctimas de violación entendamos que lo mismo sucede en los cerebros y las memorias de las víctimas de violación, que se están esforzando para recordar lo que les pasó.

James W. Hopper, PhD, es consultor independiente y profesor a tiempo parcial en Psicología en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard. Ha realizado investigaciones sobre la neurobiología del trauma y capacita a investigadores, fiscales, jueces, profesionales de la educación superior y comandantes militares sobre sus implicaciones.

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